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Entrevistar a Antonio Hermosilla, socio director de Grupo de Asesoramiento & Consulting (GAC), es como lanzar preguntas al intelectualmente sagaz Jorge Verstrynge (con quién estoy trabajando una cuestión diáfana y cristalina como es la de autodeterminación de los pueblos). No solo persuade con su cuidada voz de barítono, sino con su milimétrica precisión para respuestas sobre conceptos y situaciones que al ciudadano de a pie le pueden costar su patrimonio entero, ahorros o la vivienda. Incluso, me temo, me van a costar el cortado y el cruasán con los que estamos conversando cabalmente. Créditos al consumo a corto plazo, tarjetas que escupen dinero en segundos, morosidad de acreedores a grados insospechados pero rentables: son algunas de las cuestiones que desde su despacho resuelven con eficacia. Los teléfonos móviles y las distintas plataformas de internet -explica- son unas herramientas perfectas para involucrar a miles de personas de buena fe en créditos imposibles de asumir. Eso tiene ya solución con la ley de Segunda Oportunidad que “permite renacer a aquella persona que ‘civilmente’ estaba muerta de por vida”.

Antonio Hermosilla
Antonio Hermosilla durante la entrevista.

Sr. Hermosilla: “segundas partes, u oportunidades, nunca fueron buenas.

Eso dice el tópico, pero los tópicos están para romperlos y eso es lo que se consigue con la ley de Segunda Oportunidad.

¿Qué dice esa ley?

Que un juez puede llegar a conceder, previo intento de acuerdo con los acreedores, lo que se conoce como el beneficio de exoneración del pasivo insatisfecho. Es decir, el perdón judicial definitivo, inatacable y para siempre de las deudas pendientes.

¿Tan nuevo es?

De hecho entró en vigor en el 2015 y es una fórmula legal -como indica su nombre- para permitir una segunda oportunidad y empezar de nuevo a aquellas personas sepultadas bajo el peso de sus deudas, siempre que hubieran llegado a esta situación de forma fortuita (sin dolo o culpa, es decir quién actuó de buena fe) y liquidado todo su patrimonio.

¿Y qué es lo que pretende el legislador?

Algo tan lógico como recuperar a esa persona -de nuevo- para la sociedad. Y otra cosa nada despreciable: salvarla de una mochila de deuda que cargaría durante toda su vida. Una empresa, sea del tipo que sea, podría acogerse al concurso de acreedores y afrontar una situación de insolvencia. Lo que busca pues el legislador es una equiparación con la regulación para las personas jurídicas y evitar la muerte civil de la persona física en caso de quiebra económica. Una persona que está embargada para toda su vida es una persona civilmente muerta.

¿De cuántos casos estamos hablando?

En España pocos aún. La fórmula no acaba de arrancar aquí desde que se aprobó la ley en 2015 si nos comparamos con Alemania que anualmente aborda unos 100.000, en Francia 80.000 y miles de casos en Estados Unidos. Pero en eso estamos algunos especialistas. Ahora bien, sí hay un dato más que positivo en la actualidad sobre los casos conocidos y tramitados -ya que la lentitud de ciertos juzgados impide tener datos reales-: el porcentaje de efectividad es altísimo. Además, en este 2019 está previsto aprobar una directiva europea sobre insolvencia que obligará a todos los países miembros.

¿Cómo se meten ustedes en este berenjenal?

Hombre, no es un berenjenal y nos hemos metido desde el primer momento porque estamos convencidos de que es una buena forma de ayudar a mucha gente. Y como ha visto en la mayoría de los casos se consigue la exoneración del pasivo insatisfecho.

No obstante, debe haber algunos requisitos. No puede ser tan fácil….

Por supuesto, no es un juego. El deudor tiene que ser de buena fe y no vale cualquier cosa. Es decir, eso de pedir un crédito de esos rápidos por internet, pulírtelo y luego venir a llorar no vale. Entonces estaríamos hablando de irresponsabilidad. Eso no va así y al caradura -y eso se ve rápido- ni se le atiende. El deudor no puede tener antecedentes penales o delitos socioeconómicos en lo que a patrimonio se refiere. En todo caso tienen que haber prescrito.

¿Qué profesionales requiere?

Para la relación con los acreedores, un profesional asesor, normalmente economista o abogado, un mediador concursal, el administrador concursal, un fiscal y finalmente un juez que es quién determina la buena o mala fe. Ahí empieza el trabajo.

¿Cuántos casos tienen ustedes entre manos a día de hoy?

En 2018 hemos recibido múltiples llamadas y entrevistas y solo unas 150 cumplían los requisitos, a nuestro juicio, porque tenían un verdadero relato de insolvencia las cuales estamos y hemos tramitado. Los teléfonos móviles y las distintas plataformas de internet son sin duda las herramientas perfectas para involucrar a miles de personas cuya amortización en créditos van postergando a cambio de fuertes penalizaciones y al final los compromisos son inasumibles.

¿Por qué motivos acostumbra a venir la gente?

Los micro-créditos, normalmente pequeños de 500 o 1.000 euros, son tan solo una de las causas, aunque a veces puede ser un dineral ya que en pocos minutos uno puede llegar a obtener hasta 80.000 euros entre diferentes préstamos, que no es calderilla. También casos de adicciones, enfermedades como trastornos de compras compulsivas, drogas, juego etc. Aunque esto no vale solo con decirlo: han de demostrar que han estado en tratamiento médico o psicológico.

¿Un caso estandard por ejemplo?

Pues la persona a quién han echado de su casa y se queda con una deuda de 200.000 euros. Aparte de quedarse sin casa, el banco se la adjudica por un 70 por ciento del valor, o sea por 140.000 euros. La deuda no satisfecha (60.000€) más los intereses, las costas etc. incrementa en otros tantos miles de euros. Además (¡y es un ejemplo eh!) supongamos que está trabajando en Telefónica: pues a embargarle el sueldo! Luego está el divorcio. Entonces entramos en la custodia compartida, pagar una pensión por alimentos para los niños. Y tiene que buscar un piso de alquiler… y se llega a la insolvencia. Hemos hecho casos de hasta un millón ochocientos mil euros, llevamos ahora un caso de tres millones setecientos cincuenta mil euros.

Pero… ¿cómo se pueden deber tres millones de euros?

Pues por ejemplo personas que han invertido en la construcción y después de la grave crisis han tenido que asumir toda la deuda que habían avalado. La crisis de 2008 fue gravísima, y con ella los bancos aparcaron el ladrillo y lo cedieron, por decirlo de algún modo, a fondos buitre, avales incluidos. Los bancos se habían quedado por 500.000 euros empresas que tenían mucha deuda por valor de tres o cuatro millones de euros. Venden esa deuda a un “fondo buitre” (una empresa cualquiera sin muchos escrúpulos) a un precio de solo un diez por ciento del valor de la cartera. El “fondo” se dedica solo a cobrar la deuda y como sea. Y ya está el lio armado: ¿usted es autónomo? ¡A ver las facturas! Si es un asalariado amenazan con un “le voy a embargar el sueldo”, y así acosando constantemente que es un sinvivir.

¿Y es posible resolver semejante desaguisado?

No solo eso sino que cuando la damos el auto de exoneración se puede empezar de cero y todos los avales que tuvo que poner para construir pisos se los queda el banco y ahí viene a la 2ª oportunidad.

¿Los bancos lo aceptan?

Es que no les queda otro remedio. Y, por supuesto, están muy cabreados con esta ley.

Tampoco se han quedado mancos y han abusado.

Cierto en algunos casos han habido abusos, pero piense también que hoy hay mucha gente que lo tiene a tiro de un clic. Usted pruebe a entrar en internet y analice cualquier oferta de Vivus, Creditea, Mykredit, Credy, Cofidis etc.

¡Me está hablando de usura!

Usura no pero sí una alta imposición de intereses, difíciles de justificar en muchos casos.

Hasta qué punto es culpable la persona o ese banco que parece que te regale el dinero ¿Cree que una parte se debe a cierta falta de formación financiera o una gestión irresponsable del dinero?

Yo no diría eso porque al final estamos hablando de contabilidad familiar que es muy sencilla: tanto ingreso y tanto gasto. Y la persona que tira más de tarjeta de lo que gana lo sabe, no hace falta ser un genio contable ni ingeniero de caminos. Ahora bien: solo hay que saber contar.

¿Entonces me da la razón?

Bien digamos que, para empresarios, sí se requiere formación. Tiene que saber, por ejemplo, que la caja no es una caja doméstica sino para pagar a los proveedores. Y no sirve para pagar la comida de hoy o la fiesta de cumpleaños de mi hijo de mañana. Se ha ingresado dinero pero ese dinero no es para mis gastos o los de mi ‘cuñao’.

Por lo tanto, y disculpe que insista, hay una falta de cultura financiera.

Cierto y lleva razón. Ha faltado mucho empeño, en este sentido y la política educativa de todos los partidos tampoco ha funcionado.

-Se vende mucha idea de emprendimiento pero poca o nada información.

Efectivamente. La gente reduce el tema del emprendimiento en tener una idea y lanzarse a por ella, mientras que lo primero que preguntamos nosotros a ese tipo de ‘empresario’ -por decirlo de algún modo- es: ¿Usted qué sabe de éste negocio? ¿Tiene experiencia? La respuesta más habitual es “no, pero estoy seguro que funciona; nada, nada… deme de alta que mañana empiezo a vender.

-O sea, y vuelvo a insistir para acabar y no hacerme pesado: falta cultura.

Nos reímos, y concluye Hermosilla– Yo también insisto. Cierto y lleva razón: falta cultura y formación… pero también sentido común, añado.

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